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“Aterricemos” la RS en el Perú

Por: Jorge Melo Vega, Gerente General de Responde

Publicado: 2015-09-23

En estos últimos diez años venimos abordando la responsabilidad social desde el campo del “deber ser”, reflexionamos demasiado sobre aspectos poco realizables y, muchas veces, parece que viviéramos en un mundo de fantasía. Pero, ¿cuánto realmente hemos avanzado si enfocamos nuestras propuestas en el verdadero objetivo de la sostenibilidad, que no es otro que el vivir en un espacio de confianza, con respeto al entorno y expectativas de los otros y, sobre todo, generando desarrollo? 

Probablemente, parte de aquel desenfoque se debe a que hemos estado concentrados en las grandes empresas, en especial las extractivas, para que sean las llamadas a cumplir con el papel de locomotoras de este modelo, porque eran las que tenían más dinero y eran más visibles por los impactos socioambientales que generan. Sin embargo, sus actividades quedan lejos de las ciudades lo que no ha permitido que la mayoría de peruanos aprendamos a demandar una adecuada RS. Por el contrario, estos años nos han privado de percibir a aquellas empresas que se esfuerzan por mejorar sus estándares.

El “aterrizaje” de una actuación socialmente responsable en nuestro medio debe enfocarse en aquellas empresas que tienen a los consumidores como su principal grupo de interés, las B2C. Nos referimos al sector financiero, a las empresas de servicios públicos, a los supermercados y grandes almacenes, a las de transporte terrestre y aéreo, a las de consumo masivo, etc.; es decir, a todas aquellas que tienen clientes que a la vez son consumidores y usuarios.

Las financieras tienen la oportunidad de transmitir consejos, prácticas, orientación, etc. Una adecuada información para un producto financiero hará que esa persona se vuelva más juiciosa en su decisión, valorará la información, aprenderá a comparar, y esos pasos básicos lo convertirán en un mejor ciudadano (y no esperará que el Estado le solucione los impactos de sus inadecuadas decisiones al tomar un préstamo, por ejemplo).

Lo mismo ocurre con las empresas de servicios públicos de agua, luz o telefonía. Las personas no saben qué están pagando ni qué están consumiendo. ¿Sabe usted, por ejemplo, que el desagüe es un servicio costoso que requiere millones de inversiones y no está claramente tarificado en la factura? ¿Realmente conoce y necesita todas las prestaciones que ha contratado con su empresa de telecomunicaciones?

Finalmente, millones de peruanos de todos los segmentos sociales asisten a los supermercados, compran mucho o poco, pero todos viven la experiencia. Las empresas de estos sectores tienen una amplia agenda de trabajo para que sus consumidores sean mejores ciudadanos. ¿Dónde enseñan a usar adecuadamente las escaleras eléctricas, los baños públicos, la manipulación de productos y el uso de los coches de compras? ¿Cuáles son los productos de temporada, es adecuado el pago con tarjeta de crédito productos de consumo diario? Allí las empresas pueden cumplir un rol orientador, a menos que estén esperando que las asociaciones de consumidores impulsen agendas drásticas.

Como vemos, hay una larga lista de iniciativas para la generación de confianza con los consumidores de los sectores mencionados que son de muy alto impacto, son generadores de ciudadanía, pero, probablemente, no merecerían un publirreportaje en algún medio impreso porque podría ser de mal gusto.


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Responde, consultora en Sostenibilidad y Reputación