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Basura que vale

Publicado: 2014-12-18

El 2014 ha sido definitivamente el año verde. Muchos de nosotros hemos participado, colaborado o al menos escuchado acerca de alguna campaña ambiental para reducir el consumo de recursos, reciclar nuestra basura o usar métodos de transporte menos contaminantes y así, iniciar un proceso de cambio en el país: convertirnos en ciudadanos que respetan y protegen el ambiente. 

Un aspecto que ha tomado relevancia en la gestión pública es el manejo de residuos, o basura, como se conoce mejor entre los ciudadanos. En ese sentido es que hemos ido avanzando en materia legal, contamos con normativas que promueven un marco adecuado para el manejo de residuos, que regulan la actividad de los recicladores y, recientemente, establecen el rol de los agentes para asegurar la buena gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Sin embargo, debido a que nuestro crecimiento acelerado de los últimos años ha generado mayores cantidades de residuos; estas medidas van quedando cortas.

De acuerdo al Ministerio del Ambiente (Minam), en el Perú se generan más de 23 mil toneladas diarias de residuos (0.62 kg per cápita por día aproximadamente) (1). Si comparamos estos resultados con los obtenidos en 2010 (0.56Kg/per cápita/día), se ha registrado un aumento del 20%. Si bien respecto a la región nos encontramos por debajo del promedio - en Chile la generación diaria de residuos per cápita es de 1.06 Kg, en Brasil alcanza los 1.15 kg. y en Colombia 1 kg – las cifras son preocupantes ya que la generación de basura vienen creciendo a un ritmo dramáticamente superior que el crecimiento de la población.

Más que buena voluntad es una cuestión de mercado

La gestión de residuos, equivocadamente, se ha “vendido” entre los ciudadanos como una cuestión de buena voluntad o puramente ambiental. Que la población entienda la necesidad de cuidar el planeta, que sus acciones impactan y que si se quiere asegurar un futuro sostenible para las siguientes generaciones es crucial respetar y cuidar el ambiente hoy, es sumamente importante para promover un aumento de nuestros estándares ciudadanos.

Pero es necesario que entendamos que la gestión ambiental, y específicamente la gestión de nuestros residuos involucra también aspectos sanitarios, sociales y económicos; es decir, que si no manejamos bien nuestros residuos incrementamos los riesgos en la salud pública, promovemos la informalidad y el trabajo infantil, y dejamos de percibir recursos como país por la baja formalización del mercado y deterioro de incentivos para que las inversiones privadas sigan desarrollándose.

La gestión de los residuos, como toda industria, tiene una cadena de valor donde intervienen actores tanto públicos como privados. En cada uno de los eslabones de esta cadena podemos identificar ventajas competitivas, impactos y riesgos que se deben gestionar para poder aprovechar y generar los máximos beneficios para la sociedad.

Si analizamos la cadena de valor de los residuos desde una perspectiva de desafíos, podemos identificar una serie de impactos negativos y riesgos sociales como económicos que existen actualmente en el país. Por ejemplo, es claro que no contamos con la infraestructura necesaria para asegurar una adecuada disposición de los residuos, generando sobrecostos al sistema, reduciendo la oportunidad de generar ingresos con la formalización de un mercado rentable e incentivado las malas prácticas sociales y ambientales en la industria.

Sin embargo, hay alternativas que pueden ayudar a que la gestión de los residuos sea mucho más eficientes. Entre ellas se encuentra el reciclaje.

El reciclaje vale la pena 

Empecemos por entender el significado de “basura”. La basura es todo material y producto no deseado considerado como desecho y que se necesita eliminar porque carece de valor económico. Durante muchos años hemos pensado que todo lo que desechamos es basura; gran error. Entre los desechos que generamos podemos identificar muchos “residuos”, que de acuerdo a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) se define como aquel material que resulta de cualquier proceso de producción o consumo y que ya no tiene valor económico en el contexto donde son producidos. Es decir, en otro contexto, o mercado, muchos de esos residuos sí valen.

El problema radica en que en el enfoque que se le vienen dando a la gestión del reciclaje prevalecen los asuntos ambientales sobre los económicos. Si la población viera en los residuos una oportunidad para generar ingresos y los entendiera como un mercado formal y rentable, los incentivos para asegurar buenas prácticas, promover la inversión privada y hacer un mejor uso de los residuos serían mucho más sostenibles. Con esto no queremos decir que la sensibilidad ambiental no sea importante, claro que lo es; pero para asegurar la sostenibilidad debemos pensar en el largo plazo y esto pasa por asignarle un valor a nuestras acciones.

Del volumen total de residuos generados un 33% son residuos reaprovechables (2), sin embargo, de acuerdo a estadísticas del MINAM, sólo reciclamos en el país el 2.4%. La gestión del reciclaje es un gran mercado que aún en el Perú, y en la mayoría de los países en desarrollo, no ha sido explotado de manera que se aproveche todo su potencial. Esta brecha en la explotación y gestión formal del mercado no sólo hace que el país genere menos ingresos, si no también que tenga mayores costos sociales y económicos.

Los costos sociales de no gestionar el reciclaje

Frente a la oportunidad de negocio identificada en la cadena de reciclaje, el número de recicladores informales ha ido en aumento en el país. Hoy existen más de 100 mil familias dedicadas al reciclaje (3).

Lamentablemente, estos recicladores pertenecen en su mayoría a grupos vulnerables, y teniendo en cuenta que esta actividad es principalmente informal (cerca del 80%), se genera un círculo vicioso que contribuye al deterioro de su calidad de vida. Algunos impactos negativos de la informalidad en la cadena de reciclaje:

- Trabajo infantil

- Ingresos reducidos debido al bajo poder de negoción frente a los medianos o grandes acopiadores

- Inestabilidad de ingresos de los recicladores

- Riesgos en la salud y seguridad de los recicladores

- Riesgos en la salud pública por las malas prácticas de reciclaje

Estos costos sociales impactan no sólo a la cadena de reciclaje sino a toda la sociedad. Las prácticas informales reducen la generación de ingresos del país, limitan el acceso a empleos dignos y por lo tanto incrementan los riesgos de las futuras generaciones de aquellas familias recicladoras.

En la actualidad, se viene trabajando en el país para formalizar este sector y generar así mayor valor para los agentes de la cadena.

La generación de valor del reciclaje

Si analizamos las oportunidades de esta industria podremos identificar muchas ventajas de desarrollar un mercado como este.

- Materia prima: Residuos de papel y cartón, una vez tratados se convierten en el principal insumo de la industria del papel, editoriales. Además, empresas dedicadas a la transformación de material reciclado van en aumento y su oferta es cada vez más diversa (muebles, ropa, entre otros).

- Incremento de la demanda: de manera gradual y como consecuencia clara del acceso a nuevos mercados y culturas, el valor de los productos reciclados entre los consumidores peruanos está consolidándose.

- Menor uso de los rellenos sanitarios reduciendo el impacto ambiental y los costos económicos de la tierra o espacios utilizados.

- Ahorro del consumo de energía en el país.

- Generación de empleo formal y digno en la cadena: recicladores, plantas de tratamiento, comercialización, industria transformadora, etc.

En conclusión, la gestión de los residuos es un aspecto fundamental en el crecimiento y desarrollo del país, por ello la creciente atención de las políticas públicas para manejar este tema. En esa línea, el mercado del reciclaje se presente como una alternativa que puede contribuir significativamente a mejorar la gestión de residuos en el país pero para ello es necesario brindarles a los agentes los incentivos correctos.

Es importante, entonces, que entendamos que nuestro aporte como ciudadanos responsables debe responder a un interés legítimo por cuidar nuestro planeta pero también a la toma de consciencia del valor de nuestra “basura”, y por lo tanto como hacemos con todo aquello que vale, debemos manejarla para sacarle el máximo provecho. Aquí el Estado juega un rol fundamental ya que debe identificar los incentivos económicos oportunos para asegurar la sostenibilidad de comportamientos que promuevan el reciclaje. Recordemos que nuestra basura tiene un precio (y cada vez mayor) en el mercado.

(1) Estos datos se refieren a residuos municipales, no toman en cuenta los residuos industriales generados en el país.

(2) De acuerdo al MINAM (2011), se generan 49% de residuos orgánicos, los que si bien no son considerados reaprovechables, una vez procesados convenientemente, dichos residuos se convertirán en compost.

(3) Organización Ciudad Saludable: “Por la ruta del reciclaje en el Perú” (2010).


Responsable: Diana Méndez del Águila – Gerente de proyectos. Economista de la Universidad del Pacífico, con diploma en Negocios y Estrategia de la Universidad Adolfo Ibañez. 


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